miércoles, 22 de abril de 2009



El fallecimiento de Alfonsín

La muerte ¿dignifica?

El dolor ante la noticia de la muerte del ex presidente Raúl Alfonsin, y la multitudinaria muestra de afecto que se le brindó en la despedida de sus restos, dejo al pueblo argentino inmerso en un manto de lágrimas y buenos recuerdos. Días y días maratones de biografías y homenajes en los medios inundaban los sentidos, sin permitir pensar en otra cosa.
Pero saber que el ex mandatario murió solo, sin el apoyo de aquellos en los que tanto confiaba, y sin el vitoreo de los que luego colmaron las calles porteñas para despedirlo, hace pensar en la gran hipocresía de la que es dueño el pueblo argentino actual.
El “Padre de la Democracia” se fue de este mundo sin saber a ciencia cierta lo que significaba para los argentinos, se durmió en un sueño profundo sin entender que había sido un pedazo de historia.
¿Por qué no pudo ver en vida todo ese despliegue de masas de ese mismo pueblo que enarboló, aquel día la bandera de la “Democracia del Pueblo Unido que Jamás será Vencido”? ¿Dónde estaba mientras Alfonsin agonizaba? ¿Y su partido? ¿Por qué no le dio el lugar que después de morir aseguró que mereció?
Lo que sucede es que la Republica Argentina esta llena de muertos que fueron buenos y de malos que son unos “vivos”, y por eso este pueblo tiende a adorar a los que ya no están porque saben que nunca habrá nadie que haga ese tipo de daño. Porque como dice el refrán “todo tiempo pasado fue mejor”
Pero a la hora de agolparse llorando frente a un cajón que a muchos no les correspondió cargar, no se acordaron de las corridas de los supermercados, ni de la hiperinflación. Solo eran buenos recuerdo y nostalgia, el dolor por esa eminencia de la política había borrado lo que por tantos años el pueblo argentino condenó. “¡¡¡Nooooo si con Alfonsin nos moríamos de hambre!!!”; “a la mañana el pan valía un precio y a la noche ya valía el triple” “GORILON, GORILON SALI DE LA ROSADA…. Gritaban las masas, no hace mucho tiempo, y hoy se lo llora y se ruega volviera a nacer para gobernar.
Cabe preguntarse entonces, si por mas que un político destroce a casi toda una generación y sea odiado durante décadas por ello, será perdonado por el solo e indefectible hecho de morir. ¿Es que la muerte dignifica?
¿Y con Menem pasara lo mismo…?