
La reforma universitaria: un ejemplo de cómo “no” se comporta el argentino actual
Revoluciones eran las de antes
La revolución llevada a cabo por jóvenes universitarios, en abril de 1918, no sólo sembró las bases para otras tantas revoluciones latinoamericanas, si no que también intentó despertar una corriente revolucionaria y emancipadora para los jóvenes que los sucedieron y sucederán, a lo largo de los años, en las universidades públicas argentinas. Misión que hasta hoy no se pudo cumplir.
Decir que el espíritu combativo de otrora, hoy desapareció, sería un despropósito, pero suponer que hoy la movilización se da por aquello que realmente toca de cerca, sin contemplar situaciones ajenas, está mas ligado a la realidad actual del país.
Para dar cuenta de ello, basta señalar la poca reacción que tiene esta sociedad frente al escaso dictado de clases en algunas provincias, a pesar de que no es extraño encontrar quienes se desgarren las vestiduras a la defensa de “los jóvenes que son el futuro”.
A nadie se le ocurrió ir a protestar por eso; nadie que no tenga nada que ver; nadie que tenga hijos en colegios que sí dictan clases. Es obvio, cada uno cuida su quintita, “y…mientras a mi no me pase nada…”; pero un día te puede pasar, un día podes ir caminando y te pueden asaltar (por ser generosa) y resulta que ese ladrón era el que venia azotando un barrio muy lejano al tuyo, pero como a vos no te pasaba nada, nunca saliste a solidarizarte con sus víctimas.
Hasta que un día la Inseguridad está muy cerca de tu casa, y no importa mientras la gente que se manifiesta y pide a gritos “basta de Inseguridad” te deje ver la tele.
Pero en algún momento la Inseguridad puede llegar a tu puerta, y saldrás vos a pedir por los tuyos, y sería bueno que no estuvieras solo, que alguien a quien no le importe la distancia te de una mano. Porque de eso se trata, de dar una mano.
Si los jóvenes revolucionarios de aquellas épocas vieran lo que les hace este país a los viejos, no quedaría uno solo haciendo una cola interminable para cobrar la miseria de sueldo que les devuelve el Estado, en pago por todo lo que trabajaron.
Saldrían a las calles a luchar por los derechos de los viejos, por los derechos de los niños, y por la libertad.
Porque aquella generación estaba marcada por el tesón y la constancia, condimentos bastante ausentes en esta Argentina actual y las pruebas para esto sobran; sin ir más lejos, en el 2001, cuando la demostración espontánea de solidaridad cayó en la cuenta de que los que machucaban ollas, no era todo el pueblo, si no los que tenían la plata en el famosos “corralito” y a los que les habían metido la mano en el bolsillo ¿y los que no tenían un peso? ¿Quien golpeó una sartén por ellos? ¿Quién salió a gritar “…yo no tengo ni plata en el corralito, ni tengo problemas económicos, pero mis compatriotas si, y es por ellos que acá estoy…”? ¿Quién?
Sería muy difícil encontrar hoy, un Deodoro Roca que esté dispuesto a la lucha por el sólo hecho de defender lo que piensa, o un Enrique Barros que pelee por algo que él tal vez nunca llegará a disfrutar. Y ni hablar de un Julio V. González que de batalla en pos del sueldo de otro.
Sin embargo, en esta sociedad actual, la lucha contra el sistema se da a través de formas de vestir y en la música que los jóvenes escuchan. Es decir, de maneras muy efímeras y poco contundentes. Y por más que esto sea percibido como una rebelión, es tan sólo una actitud que los dirige y los encuadra aún más, en una tribu, o un grupo definido.
Aunque los jóvenes argentinos intenten constantemente enarbolar la bandera de la revolución y usen remeras atestadas de brillos con la cara del Ché Guevara, el concepto de la lucha por las ideas, quedó allá atrás y hace tiempo
Pero no hay que perder las esperanzas; algún día los jóvenes les enseñaran a los viejos a no esperar que las cosas sucedan. No es difícil creer que esto pase… ya ocurrió en Junio de 1918 y dicen (los que saben) que la historia es un ciclo que se repite.
Revoluciones eran las de antes
La revolución llevada a cabo por jóvenes universitarios, en abril de 1918, no sólo sembró las bases para otras tantas revoluciones latinoamericanas, si no que también intentó despertar una corriente revolucionaria y emancipadora para los jóvenes que los sucedieron y sucederán, a lo largo de los años, en las universidades públicas argentinas. Misión que hasta hoy no se pudo cumplir.
Decir que el espíritu combativo de otrora, hoy desapareció, sería un despropósito, pero suponer que hoy la movilización se da por aquello que realmente toca de cerca, sin contemplar situaciones ajenas, está mas ligado a la realidad actual del país.
Para dar cuenta de ello, basta señalar la poca reacción que tiene esta sociedad frente al escaso dictado de clases en algunas provincias, a pesar de que no es extraño encontrar quienes se desgarren las vestiduras a la defensa de “los jóvenes que son el futuro”.
A nadie se le ocurrió ir a protestar por eso; nadie que no tenga nada que ver; nadie que tenga hijos en colegios que sí dictan clases. Es obvio, cada uno cuida su quintita, “y…mientras a mi no me pase nada…”; pero un día te puede pasar, un día podes ir caminando y te pueden asaltar (por ser generosa) y resulta que ese ladrón era el que venia azotando un barrio muy lejano al tuyo, pero como a vos no te pasaba nada, nunca saliste a solidarizarte con sus víctimas.
Hasta que un día la Inseguridad está muy cerca de tu casa, y no importa mientras la gente que se manifiesta y pide a gritos “basta de Inseguridad” te deje ver la tele.
Pero en algún momento la Inseguridad puede llegar a tu puerta, y saldrás vos a pedir por los tuyos, y sería bueno que no estuvieras solo, que alguien a quien no le importe la distancia te de una mano. Porque de eso se trata, de dar una mano.
Si los jóvenes revolucionarios de aquellas épocas vieran lo que les hace este país a los viejos, no quedaría uno solo haciendo una cola interminable para cobrar la miseria de sueldo que les devuelve el Estado, en pago por todo lo que trabajaron.
Saldrían a las calles a luchar por los derechos de los viejos, por los derechos de los niños, y por la libertad.
Porque aquella generación estaba marcada por el tesón y la constancia, condimentos bastante ausentes en esta Argentina actual y las pruebas para esto sobran; sin ir más lejos, en el 2001, cuando la demostración espontánea de solidaridad cayó en la cuenta de que los que machucaban ollas, no era todo el pueblo, si no los que tenían la plata en el famosos “corralito” y a los que les habían metido la mano en el bolsillo ¿y los que no tenían un peso? ¿Quien golpeó una sartén por ellos? ¿Quién salió a gritar “…yo no tengo ni plata en el corralito, ni tengo problemas económicos, pero mis compatriotas si, y es por ellos que acá estoy…”? ¿Quién?
Sería muy difícil encontrar hoy, un Deodoro Roca que esté dispuesto a la lucha por el sólo hecho de defender lo que piensa, o un Enrique Barros que pelee por algo que él tal vez nunca llegará a disfrutar. Y ni hablar de un Julio V. González que de batalla en pos del sueldo de otro.
Sin embargo, en esta sociedad actual, la lucha contra el sistema se da a través de formas de vestir y en la música que los jóvenes escuchan. Es decir, de maneras muy efímeras y poco contundentes. Y por más que esto sea percibido como una rebelión, es tan sólo una actitud que los dirige y los encuadra aún más, en una tribu, o un grupo definido.
Aunque los jóvenes argentinos intenten constantemente enarbolar la bandera de la revolución y usen remeras atestadas de brillos con la cara del Ché Guevara, el concepto de la lucha por las ideas, quedó allá atrás y hace tiempo
Pero no hay que perder las esperanzas; algún día los jóvenes les enseñaran a los viejos a no esperar que las cosas sucedan. No es difícil creer que esto pase… ya ocurrió en Junio de 1918 y dicen (los que saben) que la historia es un ciclo que se repite.


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