miércoles, 27 de mayo de 2009






Una pequeña reseña del intento revolucionario del Mayo Francés

Pensar una Utopía

El "Mayo Francés" fue el movimiento de rebelión estudiantil-obrera con mayor revuelta política que se recuerde en la Francia de posguerra, ya que implicó cambios en las costumbres y en las ideas, cuestionó los modelos burocráticos de matriz soviética, renegó del capitalismo y produjo una revolución sexual.
Aquella “semana rabiosa” que duró 13 días, conmovió al mundo, debido a que Francia permanecía sumida en una intensa crisis política y social, de la cual le era muy difícil salir, sumada a la imponente cohesión de obreros y estudiantes, que fue lo que marcó la diferencia entre ésta y otras revoluciones.
La libertad de pensamiento, la paz, la igualdad y la solidaridad eran los valores manejados por la juventud, que tomó esos conceptos para intentar cambiar el mundo, además de su instinto de clase, el cual fue guía suficiente para poner en tela de juicio el control de la burguesía.
Con el paso del tiempo, se fueron sucediendo diferentes tipos de revoluciones; diferentes clases de manifestaciones que lograron o no su cometido. Pero pensar hoy, en Argentina, una revolución de las características de aquella del Mayo Francés es casi, “pensar una utopía”.
Creer que se puede cambiar un sistema imperante desde hace años, por otro completamente diferente, es algo que en la actualidad no ocurre, pues suponer que se puede hacer un cambio radical, imponiendo nuevos valores y hábitos, no es algo que se corresponda con la época actual.
Quizás sea debido a la cantidad de intentos truncos de cambiar el sistema, ocurridos a través de la historia argentina, que el ciudadano de este país perdió las esperanzas de un cambio radical, que provea tanto a los pobres como a los ricos, de los mismos beneficios.
O tal vez, el pueblo argentino se haya perdido en un laberinto sin identidad, al intentar tantas veces, conseguir ser representados por alguien, que sólo se ocupó de llenarse los bolsillos de dinero y el alma poder.
Es también factible, y a la vez desalentador, creer que el argentino perdió la posibilidad de soñar un país justo, muñido de caudillos, grandes paladines de la justicia, que luchen por los derechos del pueblo. Y en lugar de ello, haya tomado una actitud conformista y resignada, que no proponga ni disponga, que no mueva ni promueva.
Es por esto que es imperativo, empezar a desentumecer el espíritu de lucha, y salir a la calle a reclamar lo propio, sin esperar que otro lo haga primero.
Dejar la oscuridad para deslumbrarse con el resplandor de la justicia, y buscar la salida hacia ese futuro de país grande, al menos en honor a aquellos que todo lo arriesgaron.
Hay que empezar por casa, y es hora de hacerlo, dejar de ver el jardín ajeno, es la solución para un país apagado por el viento de las injusticias.

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